Qué curiosa sensación la de acabar de leer una autobiografía y sentir que realmente se conoce a su autor. No deja de ser más que una ilusión porque, ¿cómo condensar todos esos minutos, semanas, años de una vida en algo más de 200 páginas? Pese a ello, la sensación que me ha dejado Diario de invierno, el último libro de Paul Auster, es de que lo conozco.
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Paul Auster después de la presentación. |
Antes de este libro he leído A salto de mata, la autobiografía que rinde homenaje a sus años de juventud y que escribió cuando se acercaba a los 50 años. No tiene nada que ver con Diario de invierno, mucho más personal y, por supuesto, más reflexivo. En el primero, aunque utiliza la primera persona del singular y la sensación de acompañar al autor por las experiencias de su vida es mayor, no se percibe esa profundidad emocional que sí tiene el segundo. Paul Auster en su último libro está mucho más preocupado por hablar desde el interior, por decir todo aquello que quizá más adelante no pueda: Habla ya antes de que sea demasiado tarde, y confía luego en seguir hablando hasta que no haya más que decir. Después de todo, se acaba el tiempo. Quizá sea mejor que de momento dejes tus historias a un lado y trates de indagar lo que ha sido vivir en el interior de este cuerpo desde el primer día que recuerdas estar vivo hasta hoy. Un catálogo de datos sensoriales.